Comprendiendo el género en el desarrollo

Noviembre 2016

Liana Zordan

Déjenme empezar con una pregunta simple. ¿En qué piensa cuando escucha la palabra género?

 

¿Piensa en la obvia diferencia física entre hombres y mujeres? ¿Piensa en esa casilla que debe marcar en algunos formularios para identificarle y categorizarle claramente como masculino o femenina, como si eso importara realmente? 

 

Parece obvio, pero si estas fueran sus ideas sobre el género, mejor siga leyendo porque hay mucho más en este vocablo… y bien, mentí, nunca ha sido una pregunta simple, sino que en realidad es una pregunta que evoluciona y que todavía estoy tratando de contestar. Intento aquí explorar las nociones de género y cuán compleja puede ser la inclusión de sus aportes en la teoría de desarrollo y en la práctica.

 

Género no se restringe a la diferencia entre los cuerpos masculinos y femeninos. Para comprender el género dentro del desarrollo es crucial reconocer la diferencia entre género y sexo. Así que deje de pensar desde ya en la división masculino/femenino. Ese entendimiento del género, reforzado por el enfoque binario de los cuerpos masculino y femenino, ha sido en detrimento de la práctica del desarrollo en el pasado. Algo para explorar más adelante.

 

El género no es absoluto ni es asignado. Para analizar el género de manera crítica dentro del desarrollo, debe ser entendido como el producto de una reproducción social. Género se refiere a la construcción social de los roles, los comportamientos, los atributos y actividades que han sido apropiados a través de la sociedad para ajustarse al sexo de hombres y mujeres. Pero no sólo es eso, la fluidez del género incluye reconocer no sólo las identidades de lo masculino y lo femenino, sino también las identidades generizadas y por tanto contemplar en el desarrollo las necesidades de las personas que se identifican como lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales y sin género definido; en otras palabras, el género no puede ser homogenizado.

 

De lo que está hablando sobre que ‘el género no puede ser homogenizado’, ¡POR FAVOR NO SE ASUSTE Y SIGA LEYENDO! En el párrafo anterior hay mucho más que elaborar, como cuando uso la jerga ‘reproducción social’, ‘construido socialmente’, y ‘apropiados a través de la sociedad’. Lo que realmente significa es que el género es preformado diferenciadamente y los roles de género cambian y varían por todo el mundo. El género es impactado por una multitud de factores, primordialmente por la cultura, la religión y la raza.

 

Sólo piense de manera simple por un minuto, volviendo al género binario entre hombres y mujeres y los roles que asumen cotidianamente y su acceso e involucramiento en puestos de trabajo remunerados. Por ejemplo, aquí en Australia es justo afirmar que las mujeres tienen igual acceso al trabajo remunerado que los hombres, ¿cierto? Según las últimas estadísticas del Banco Mundial indican que las mujeres representan el 45.4% de la fuerza laboral en Australia en 2014. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo sobre el acceso al trabajo remunerado en países como Arabia Saudita, donde en 2014 sólo representaron el 15.2% de la fuerza laboral (Grupo Banco Mundial, 2016). La diferencia se produce por los roles de género binarios y las expectativas asignadas a hombres y mujeres dentro de la dicotomía que se hace sobre el trabajo privado y el público. Es típico que las expectativas y cargas de los hombres se den en la esfera pública, para trabajar y ganarse el pan. De las mujeres se espera que negocien sus cargas laborales no-remuneradas dentro de la esfera privada, en tareas tales como la limpieza de la casa, el cuidado de hijos e hijas, y en algunos casos las limitaciones culturales como la libertad de movimiento, todo esto como un ejemplo de que los comportamientos por género son construidos y apropiados socialmente, y que restringen la participación de las mujeres en el trabajo remunerado.

 

Esto no quiere decir que Australia es perfecta y se encuentra libre del binarismo de género. Si alguna vez escuchó o hizo el chiste sobre la madre/hermana/hija/novia o esposa que ‘regresen a la cocina y hagan ese emparedado’, piénselo dos veces, que eso es precisamente el molde en el cual está hecho el binarismo de género. Ese ‘chiste’ es un claro ejemplo de cómo se propician las ideas socialmente construidas (regresar a la cocina y al rol de las mujeres en la esfera privada) para apropiarse de los comportamientos en la sociedad (hacer el emparedado como parte de los deberes domésticos del rol de género), para influir en la diferencia de roles que los hombres y las mujeres asumen a través de la reproducción social, y que todavía muchas mujeres están luchando para revertir. Es tiempo de eliminar el dicho ‘los hombres se ganan el pan’, y si ese va a ser el caso, le digo a los hombres: ¡tomen ese mismísimo pan y háganse un emparedado!

About the Author

Liana has studied a Masters of International Development Practice at Monash University and now works for a number of gender focused NGOs in Melbourne, Australia.

 

Reference:

The World Bank Group. 2016. Labor force, female (% of total labor force) International Labour Organization, using World Bank population estimates.. [ONLINE] Available at: http://data.worldbank.org/indicator/SL.TLF.TOTL.FE.ZS. [Accessed 18 November 2016].

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